martes, 9 de noviembre de 2010

Lore, no importa que digan que está trillado hablar de amor...

Querido diario:
El 10 de noviembre e 1990, ella nació con la cara redonda y los ojos muy abiertos. Yo decía que parecía una luna llena. Era como un juguete recién sacado de su caja: olía rico, de textura suavecita y provocaba cargarlo.
Debía llamarse Mónica Isabel pero mis dolores de parto que comenzaron – y se fomentaron- en 23 horas, hizo que el padre se aprovechara de mi cansancio y la renombró.

Con ella engordé 20 kilos y el doctor me dijo que me daría pre eclamsia y si no me cuidaba. De 37 que calzaba, usé zapato número 40. Mis tobillos estaban redondos tal cual mi barriga y así, en ese larguísimo día que trajo a mi prima hermana Mónica Belandria de visita, también nació Lorena, mi primera hija.

Lore bebé de 2 meses - Lore mamá 20 años

 “La piel de mi niña huele a caramelo”, así cantaba recordando una canción de Allí Primera. No olvido  que cuando tenía como cinco años, ella detestaba que yo le cantara “la niña Lorenita cuadro estaba chiquitica le decían pendejita, ahora que está grandota, le dice pendejota”. Era una total ofensa pero a mi me doblaba de la risa ante su reacción y, ella, en venganza se la cantaba a todo el que podía pero cambiándole el nombre.

Yo tenía 20 años y una niñita conmigo. Al principio no tenía cabello y el poco que le salió al tiempo  era hirsuto e indomable. Sus cachetes eran (y son) su característica superlativa y esos ojotes tan bien delineados que uno siente que entra a ellos.



Han transcurrido aproximadamente 7300 días desde que vivo con ella. Cada día siento que es mi conciencia y mi apoyo. A veces cuando la observo y no se da cuenta, detallo en ello los ademanes de Mónica Belandria Arráiz; la inteligencia de mi mamá, la viveza de su hermana Daniela y el corazón de todas las personas de alma buena que haya conocido.


Hoy Lole cumple 20 años y yo la honro como hija porque me ha hecho feliz. Me hace sentir orgullosa. Me quiere, me carga mono, me recuerda, me hace sentir que soy importante para ella y que nos necesitamos.



No sé cuál será el futuro de Lore pero de lo  que si estoy segura es que quien esté a su lado tendrá a una mujercita de buenos sentimientos y que disfrutará de un humor exquisito y lo hará pasar muy buenos momento.

No me siento vieja. Yo crecí con ella. Nosotras nos criamos juntas. Yo la tuve exactamente en la edad que hoy cumple. Ella me conoce mejor que nadie y aun así, me ama profundamente.



Yo también te amo, Lole.

Eres mi rabo de nube, mi unicornio, mi reparadora de sueños, mi guardiana de la suerte, mi tercer deseo y, como dice Filio, “no te cambio por un verso, una voz, una palabra, eres parte de este intento 
de estas manos, de esta causa…”


Gracias por ser mis brazos de sol…

Tu mamá

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sobrevivir y morir en el hospital

A Lorena Bornacelly Arráiz
por su nobleza, por su alma pura 
y por tener un corazón que no alberga obscuros...


Nos avisaron que ella estaba en el hospital central de San Cristóbal y sabíamos que su hijo no estaba en el país. Salvo mi hija, una nieta con la que muy poco  convivió  y compartió con la abuela, era el único hilo de sangre que tenía la señora en esta ciudad.

Fuimos al hospital, sala de observación, camilla 7. Allí estaba una cobija cubriéndole la humanidad. No tenía ropa y no tenía conocimiento. Al no presentar un documento de identidad, la paciente anónima, para ese entonces, sólo había recibido un tratamiento simple: oxígeno y esas cosas que con mangueritas y agujas ingresan al cuerpo para actuar como medicamento.

“Ella está mal, tiene un coma diabético; hay que hacerle una tomografía y comprarle medicinas”-fueron las palabras de un residente quien nos explicaba el caso.

Ingresar al hospital es lo más parecido a una batalla pero sin armas. El portero, uno de esos quien nunca ha tenido poder en su vida,  siente que esa puerta es su trono absoluto. Grita, empuja y dice que no. Hay que lidiar, a veces adular y otras, entromparse.  Una “chapeada” y conseguimos los permisos correspondientes para no tener que pasar por ningunas de las opciones antes citadas pero esto es apenas, lo más simple que tiene el hospital.

Le hicieron tomografía, saltamos a la clínica a que hicieran exámenes de sangre y se compraron medicamentos. Ella estaba allí: blanca, pálida, esperando el consuelo y con una respiración tan fuerte que me hacía creer que ella aguantaría un poco más.

Había gente en camillas con sus nombres escritos en unos papeles que asimismo estaban pegados con tirro. En el estar de las enfermeras alguien dijo: no hay adhesivo. Antes un enfermero me preguntó “¿tiene aguja para sacarle la sangre a la abuelita?”.

                             Esto faltaba el 2 de nov de 2010 en sala de observación de mujeres

Entendí que ya no estaba en mi cápsula. Como periodista atiendes y entrevista y la gente cuenta. Vas al lugar pero la realidad está en tercera persona “ella necesita una medicina”. También la circunstancia de tener un esposo médico y una clínica privada a disposición me hicieron olvidar que el hospital es otro mundo donde nadie tiene nada pero todos están muy enfermos y sus condiciones –para ser medicados- son precarias.
Lloré. Ocultaba el llanto para que mi hija no se afectara aun más. Ella decidió quedarse y yo tuve pánico. Buscamos un banquito, un abrigo, agua, cargador de celular y algunos dulces para que ella pasara la noche allí.

Al día siguiente me contó que en la sala de observación, pero de hombres, alguien había robado  a un paciente. Me dijo además que muy temprano le dijeron ¿tienes agua para lavarle la boca a la paciente?
Llevamos más cosas: artículos de higiene, sábanas, almohadas, toallas, medicinas pero de ella no teníamos nada: no reaccionaba producto del coma diabético que, según creo, generó un ACV isquémico o como se escriba.

La llevaron a piso 3. Escuchaba a un doctor gritar “quién autorizó a que la señora subiese si apenas hay tres flujómetros y están ocupados”. Un enfermero dijo “este medio sirve”. Entonces nos advirtieron que como ese medio servía debíamos estar pendientes de si el oxígeno se fugaba y que podía afectar a la señora Marina.
Pasamos todo el tiempo posible, esa noche ninguna de las dos podía quedarse porque al día siguiente había trabajo y universidad. Mi hija estaba desmoralizada pero sabía que debía descansar para regresar al día siguiente.

                                               Panorámica del piso 3. "Pacientes" del HC

La paciente de la cama de al lado me contó que diariamente le aplicaban un medicamento que costaba 140 bsf. Que muchas veces, al no tener el dinero, suspendía el tratamiento. Tenía un problema hepático.

Una enfermera me gritó cuando le pedí ayudara cambiar la sábana que estaba sucia porque otra enfermera le dijo  a mi hija que debía alimentar a la señora Marina ella misma a través de una “sonda gaso-nástrica”. Mi hija, entre su inexperiencia y terror, botó un poco de ese caldo sin madre que debía darle a Marina y su colcha estaba mojada.

Esa noche recé. El médico nos había dicho que su condición no era buena. Que podía pasar lo peor y, de sobrevivir, ella quedaría sin poder comer o evacuar por su cuenta; que estaría postrada en una cama porque sus condiciones neurológicas estaban deterioradas.

Al día siguiente me fui  a dar clases y mi celular no dejaba de vibrar. Tenía muchas llamadas de mi hija. Supuse lo inevitable.

Fuimos a la morgue y entregamos su cédula. Estaba aturdida, no sabía qué hacer porque su único hijo estaba en Ecuador. Mientras alguien me decía que debía hacer cosas legales, alguien hablaba de funeraria y el médico, ah, el médico me dijo, al chasquido de sus dedos: “y apúrese porque falta un cuarto para las doce y voy a almorzar". No entendía ¿apurarme con qué? Me respondió “muévalo para que le firme los papeles porque me voy a almorzar”. Su tono era alzado y desgraciado. Supe entonces que ese doctor llamado Víctor Hugo tenía el corazón igual que a cada persona fallecida que debía atender en su deber como patólogo.  Me volteé y le dije “buen apetito, doctor”. Fue la más decente aproximación a “váyase para el carajo”.

Debo reconocer los buenos oficios y la atención del Dr. Justo Vega, Edwin Omaña y el residente de (creo) neurocirugía, el Dr. Wilson, quien es de Colombia.

Entonces hicimos las gestiones para cremación por orden del hijo que aun no pisaba tierra venezolana. En esos asuntos siempre hay gestores, personas que se encargan de hacer el papeleo horrible en un momento tan abrumador. Se llamaba Jhon y fue quien hizo todo el trabajo. La gente del crematorio de Santa Ana nos atendió con el respeto y la dignidad que debía dársele a esa mujer que esperaba por el resto de su familia para su despedida.

La ropa, los zapatos y la cruz. Los abrazos de consuelo y el conocer gente que no sabía que existía. La muerte de “mamá Marina” como muchas veces escuché nombrarla a su hijo, trajo a dos hombrecitos a la vida de mi hija, sus hermanos con los que compartió, de niña, apenas brevemente un espacio de su vida puesto que ellos viven en Colombia.

                                          Luís Alfredo, Lore y Jimmy Fernando

Pese a la pena fue bonito verlos re-conocerse, observar como interactuaban y descubrir  que los tres tienen los mismos ojos y la misma sonrisa.

La señora Marina entró  al lugar donde dejaría de ser cuerpo para convertirse en cenizas.

Recordé que la noche anterior le tomé de la mano y le dije a su oído: “nada te detiene, nada te amarra; tu hijo ya viene pero debes irte a descansar; te doy las gracias y te bendigo porque gracias a ti, yo tengo una hija maravillosa; es el momento de irte a los brazos de Dios para que te reconforte”. Recordé aquellas palabras de Silvio que tanto me llenan y se las cité “anda donde debas ir, anda que te espera el porvenir…”

Y que brille para ti la luz perpetua...

Lorena

domingo, 31 de octubre de 2010

El fútbol es mi primera novia y mi última mujer...

Querido diario:
He querido dejar plasmado en tus cyber líneas algunos fragmentos de palabras dichas por personas ligadas al fútbol. 




YO PREGUNTO. ELLOS RESPONDEN…

(Dedicado a Wilmer Ramírez, Genaro Pascale y al ángel de alas grandes y vinotinto, Antonio Calderón.)

La siguiente compilación de preguntas a técnicos del fútbol venezolano fueron recogidas de diferentes ediciones periódico Láser Gol.

Tres estrategas: Cesar Farías, Carlos Maldonado y Walter "Cata" Roque respondieron a 50 peguntas en aquel entonces. He aquí el testimonio de lo que en otrora comentaron. De “bonus track”, palabras de Richard Páez, el D.T. que hizo posible que un país apostara por su selección.

Cesar Farías. Seleccionador Nacional

1.-¿Qué es el fútbol para usted?

La pasión. Es sinónimo de vivir.

2.-¿De no ser director técnico sería?

Director técnico.

3.-¿Por qué esa fama de cascarrabias?

Eso depende. A veces uno tiene que personificar un rol, un actor, un personaje dentro del trabajo que realiza, y si, soy de carácter muy fuerte. Si tengo que enfrentar un tren y tirarme debajo de él, lo hago. Me gusta eso. Ir al frente, pero por supuesto, todos tenemos un lado humano y yo también lo tengo, tengo familia, tengo hijos, tengo amigos…


4.-En un país polarizado políticamente ¿cuál es su mensaje a los venezolanos?

Tenemos que vivir en tolerancia, aprender a respetar las ideas y filosofías de cada quien y tratar de que sea una democracia justa para unos y para otros.

5.-¿Qué le resulta insoportable?

Perder.

6.- ¿Cuál es su lema de vida?

Mientras más persona uno sea en la vida mejor va a ser en su profesión; también que hay que estar muy claro que lo que uno siembra es lo que luego recoge.


Carlos Maldonado. Director Técnico del Deportivo Táchira

1. -¿Fue difícil tomar la decisión de dejar a Cata y al Deportivo Táchira?

Fue difícil por que yo había recibido otra posibilidad antes, fue difícil dar el paso, pero era mi oportunidad y creo que no me equivoqué.

2.- ¿Qué recuerdos le dejó el fútbol cuando jugaba?

La gente que disfrutaba. Un recuerdo hermoso son las amistades que dejé cuando participé. Nunca tuve enemigos y eso no tiene precio.

3.- ¿Cómo renombraría al Polideportivo de Pueblo Nuevo?

Nombrarlo, por ejemplo, como un jugador importante que hayamos tenido es una falta de respeto para los otros, lo llamaría el Templo Sagrado.

4.- ¿Cuál es su lema de vida?

Trabajar y levantarme todos los días para aprender a ser mejor gente.

5.- ¿A qué edad llegó a Venezuela y qué recuerda de su Uruguay natal?

A los 8 años. Recuerdo el fútbol, la pasión, los asados de mi familia en fin de año.

6.- Le agrada ser comentarista?

Me fascina.

7.- García Márquez titula en uno de sus cuentos “Me alquilo para soñar”, usted…

¡Yo vivo para disfrutar!


Walter “Cata” Roque. Sempiterno técnico del fútbol venezolano

1.- ¿Ha valido la pena haber dedicado su vida al fútbol? 

Puedo dar la respuesta en poesía o cantándola: “si la vida me diera otra vida la oportunidad de poderla vivir otra vez, le digo que sí, son tan bellas y tan lindas las cosas de la vida y el fútbol que me dejó que al volver otra vez a vivir, digo que si...·

2.- Qué siente por Venezuela? 

Venezuela ha sido prácticamente mi patria querida por que aquí me hice entrenador, aquí nacieron y se educaron mis hijos…

3.- ¿Goles son amores?

En el fútbol si no tiene gol, no es un partido que se sale de la cancha con amor…

4.- ¿Qué piensa de la afición aurinegra?

Es la afición que ha hecho algo y que ninguna otra afición en el mundo ha hecho. Eso es algo sensacional lo que hico esta hinchada: entrar un autobús a la cancha y prenderle fuego…

5- ¿Cuál es su ciudad ideal para vivir?

San Cristóbal fue mi felicidad…

6.- ¿Qué es el fútbol para Cata?

Es todo: mi primera novia y mi última mujer


Richard Páez. Ex Técnico de La Vinotinto

Yo creo que en el año 2007, Venezuela se gradúa en el aspecto internacional en infraestructura. Con la Copa América, nuestro país da otro paso en el desarrollo integral que requiere el fútbol al contar con nueve estadios de magnifico nivel y que va a cambiar al fútbol definitivamente después de la Copa América.


Lorena Evelyn Arráiz/ Periodista Deportivo

#YOCONFIESO o la vida en twitter

Querido diario:



Sentí que había descubierto el agua tibia. Twitter era un universo insospechado para esta periodista que ha estado intentando salir de la etiqueta 1.0. Luego de ser una fiel concubina del facebook y habiéndome aburrido de las galletas de la suerte, de las encuestas que parecen indicarnos cómo besamos según nuestro signo o qué tipo de amante eres, ya estaba resignada a mirar “la cara del libro” para revisar cumpleaños y aprovechar el subir fotografías por la flojera absoluta de abrir una cuenta en flirck.

Supe de Twitter por un programa de noticias colombiano. No dudé en suscribirme y una vez hecho todo el procedimiento ya había agregado a mis favoritos a twitter.com pero me parecía como extraño, ajeno y limitado ese mudo de los 140 caracteres. Terminé convencida leyendo al respecto a mi colega Carlos Arcila. Fue entonces cuando Nelson Bocaranda entrevistó a alguien quien sugería el uso del twetdeck. Otra vez el agua tibia me cautivaba.

Vino el proceso de agregar a todo el mundo, yo seguía a 100 personas (y 2 me seguían a mi) entre los que estaban el presidente Obama, Lisa White (¿), Alejandro Sanz, Michelle Brown (¿) y decenas de desconocidos que no hablaban español hasta que apareció unos tachirenses (porque siempre hay un andino en cualquier parte); @juanrules, @ebriceño y @franja y fueron mis mentores, tutores y “ayudadores”, a través de ellos conocí al grupo local y supe que Twitter era perfecto para mí.

Entonces aparecieron unas cosas que me encrispaban: los #ff. Ay, Dios, y esto qué es. No había aprendido lo primero cuando ya leía #iranelection y #freemediave. El mejor de todos #martidochavez hasta que adopté a #yoconfieso.

Comprobé que el facebook exploraba nuestra parte frívola y que Twitter me permitía ser reportera a tiempo completo.

En este estado donde han sucedido tantas tragedias, problemas, locuras, secuestros, sicariatos y racionamiento de gasolina y luz, la notica está a la orden del día. Twitter me dejó ser periodista a tiempo completo sólo porque a mí me provocaba, allí he sido una reportera que trabaja horas extras y no reclama ningún pago.

Twitter me lleva a terrenos insospechados. A veces me doblo de la risa, a veces me molesto. Trato de imaginar cómo es la persona que escribe; analizo las frases, me da prurito cuando detallo errores ortográficos, me da alergia cuando el veneno salpica a mi timeline y profeso mucha empatía por twitter@s que han sido especiales conmigo.

Esta red social pareciera ser un concurso de popularidad para algunos; otros suplican que les sigan pera llegar a cierto número de followers; otros drenan en 140 caracteres lo que no hacen en su práctica diaria y hay los anarquistas, iconoclastas, filibusteros, coprófagos, desubicados, y hasta atulampados.

Pero los mejores son los que respetan del diálogo y la diferencia de opiniones, los que explotan el sentido del humor, los que ofrecen alternativa o solución y no se quedan pegados en la crítica. Los imprescindibles son los que apuestan por el país, los que nos cuentan de su participación en un evento para la recuperación de Venezuela, los políticos que asumen sus errores, los románticos que envían sus poemas o piropos virtuales; los espléndidos son los que nos cuentan algo especial de sus vidas; los dedicados son los colegas que comparten su actividad periodística con el resto del mundo. Los anónimos, los conocidos, los desocupados y los solidarios… y hay muchos más. 

Esa es la comunidad Twitter. No busquemos más análisis porque tendríamos que leer ora vez nuestros libros de Teoría de la Comunicación (Dios, no lo permita) porque una vez que sentí que todo estaba en perfecto orden apareció el ubertwitter en mi vida y…

Estoy en twitter: @lorearraiz

¿Por qué algunas mujeres odian al fútbol?

Querido diario:
Esto es un secreto a voces, es bueno que los hombres sepan al respecto. Soy afortunada de tener a una pareja que vive, sueña y espira fútbol pero sé de muchas chicas que a este deporte lo aborrecen más que a una suegra pavosa. He aquí las razones...

Se de muchas féminas que odian al fútbol por una simple cosa: acaparan la atención de los machos vernáculos en toda su extensión. Muchas de ellas, se quejan del poco interés que muestra la pareja cuando se juega una final de la Libertadores o cuando comienza el mundial.

Todo  sucede cuando las mujeres, dispuestas a la conquista, aceptan la salida con su pretendiente y éste las lleva a un lugar con pantalla gigante, donde la mayoría de los presentes son hombres y el humo del cigarrillo fastidia por doquier. Ella está desconcertada mirando alrededor, buscando los mínimos elementos románticos pero no encuentra nada. Se sienta en su silla, acomoda su cabello y coqueta pero él está furioso porque no alinearon al jugador número 9.

gol aurinegro


Cuando llega el mesero, la chica quiere tomar un licor pero él insiste en pedir cervezas porque es lo mejor para celebrar los goles. El asunto no queda allí, cuando se da el pitazo inicial, ella intenta acercarse y decirle en tono suavecito cualquier cosa que pueda incitar al romanticismo pero el caballero ni se entera porque comenzó a gritar que ese árbitro es un hijo de meretriz al decretar un penal inexistente. Aun así, son muchas las mujeres que se arriesgan a mantener una relación con un fanático del fútbol. También hay quienes aceptan la invitación a un partido de éstos creyendo ganar puntos en la  jornada romántica.

La ingenua enamorada, que se ha esmerado en conseguir la ropa del color del equipo preferido de él, lo acompaña al estadio llegando con tres horas de antelación por la cantidad de aficionados que amenazaron con llegar tempranito La pobre debe aguantar  sol y permanecer de pie todo ese tiempo mientras él conversa con sus compañeros de filas del golazo que le hicieron al Caracas.

Ella espera que él determine en el perfume usó especialmente para él pero no habían transcurrido 10 minutos de inicio del partido cuando algún hincha arrojó cerveza para celebrar una intentona de gol y cayó encima de la infeliz. Y si por alguna circunstancia, el equipo contrario está agresivo o el árbitro se equivoca, el chico olvidará a su acompañante y gritará palabras irrepetibles para este texto, tanto así, que su cara se podrá de color rojo y se le brotará la vena yugular.

La mujer, empapada de cerveza y con el cabello empegostado, no tendrá más remedio que olvidarse momentáneamente del galán  y prestará atención al partido. Y es cuando ella llega a detallar las piernotas de ese que lleva la camiseta número 4. También de aquel que cuando se tiró al piso y sobó por el dolor mostró sus abdominales. El momento llega al clímax cuando termina el partido y los jugadores se quintan la camiseta. ¿Dios mío, ése es un ángel?

Terminó el encuentro y seguro que ahora sí  tendrá la atención del hincha. Sólo que el Romeinho  no llevará a Julietinha al cine sino que se meterá a Sólo Fútbol para ver el mismo partido que será retransmitido por la TV local para corroborar que ese árbitro pitó erróneamente un fuera de lugar.



Cuando la situación ha superando la relación con un fanático y ya viviendo juntos, la cosa no luce muy prometedora porque si lamentablemente la crisis no les ha permitido comprar otro televisor, será imposible que la mujer pueda ver su  novela preferida ante el resumen de la jornada de Sport Plus o Meridiano Tv, al fin y al cabo, los goles de Giancarlo Maldonado son más importantes que los conflictos del nuevo dramático de Venezolana de Venevisión.

Pero encima de eso, hay que llevarles comidita a la cama dejando las sábanas llenas de migajas que no se pueden sacudir hasta que terminen los programas de fútbol o hasta que el hombre deba ir al baño por la cantidad de cerveza que tomó.

Vivir con hombres aficionados puede ser muy complejo, pero por algún lado hay que buscarle la vuelta. La mejor opción que tiene la mujer es ser solidaria con esta afición y para contar con el respaldo de la pareja deberá buscar los siguientes argumentos: “mira que vestido tan hermoso y tiene los colores de la selección del Brasil”. Eso será el enganche para una compra efectiva.

Olvídense mujeres de los licores dulces o champaña, olvídense además de ir a los bares de última moda a bailar, asegúrense más bien que usted llevará a su chico a un lugar que al menos tenga un afiche del equipo local.



Sólo hay que tener paciencia pero no olviden que todo tiene una recompensa: cuando usted está en calidad de jugadora número 12, tendrá la oportunidad de “apreciar cómo se contraen los músculos al patear una pelota o simplemente, esperar el intercambio de camiseta para que usted celebre sus propios goles”. Y seguramente si usted es del estado Táchira, en cualquier momento le explotará esa pulsión por la fiebre del fútbol  y sucumbirá ante el aurinegro, el equipo de mil amores de esta región… 




[esta foto la tomé en San Luis de Maranhao (Brasil)]




miércoles, 27 de octubre de 2010

Carta de amor y despedida a Juan Carlos Vargas...

Juan Carlos:

Cuando te conocí sentí que el estómago se me alborotaba. Supe que te quería y no me importaba que apenas hubieran transcurrido dos horas desde que nos presentaron. Sabía que tendríamos una historia bonita y la tuvimos. Fue un amor absoluto de esos que dicen los poetas “no se olvidan jamás”.

Pero el amor también tiene vericuetos y yo vivía apurada mientras tú pedías pausa. Yo soñaba con príncipes que rescataban doncellas y tú te aferrabas a estudiar bioanálisis. Yo quería escaparme contigo y tú querías que yo tuviese sosiego. Fue un pleito del amar y querer como lo escribió don Andrés Eloy. Pero te amé. Te amé profundamente. Te amé con la dulzura de quien se sienta a esperar la paz. Porque tú eras paz, pese a tu carácter jodido, me llenabas de paz, de tranquilidad, de sentimientos sublimes.

Aun me duele la manera como se terminó nuestra relación. Me sorprendiste -19 años más tarde-  cuando te conté de mi  despecho por la ruptura y me escribiste en el correo electrónico: “¡Así que tú también lloraste un río! Entonces esa historia de nosotros dos es como una Mesopotamia; el río mío que se hizo a chorros desde el principio y el tuyo que se formó de golpe al final. Yo pensaba que no te había importado tanto. Quizás un poco de orgullo de mujer y una rabieta de un par de días. Queda además demostrado que las tierras entre ríos son fértiles porque algo sobrevivió entre tanta guerra”.





Yo sé, Juan, que nuestro noviazgo fue apasionado y cruel  pero luego de encontrarte y leerte otra vez entendí muchas cosas que no quedaron claras: “Lamento mucho lo que pasaste pero las crisis y el dolor son buenos maestros. Si lo sabré yo que hoy día no puedo estornudar sin sentir dolor. No niego que estuve luego muy bien sin ti. Eso, como tú dices, fue tu culpa. Hasta te me escondí un par de veces. Luego creo que ni siquiera podía hacer un comentario bueno de esos días nuestros. Estuve molesto un largo tiempo. Hasta aguanté burlitas por allí. Aunque te recordaba con cierta nostalgia, puedo asegurarte que por lo menos hasta 1999 yo no hubiese tenido la disposición de responderte, en el supuesto caso de una llamada o correo. Después de tantas palabras me impresiona todo lo que siguió después de esa noche del 87 cuando nos conocimos en el club Ítalo de Puerto Cabello”.

Tantos años, Juan Carlos, tantos años y encontrarte con otra perspectiva de la vida, casado y yo con mi vida más que hecha y una familia a la que amo inmensamente. Me costó mucho entender lo que querías decirme, yo me hacía la tonta para no admitir la valentía que tenías para asumir lo que te estaba pasando.


Creo que fui ingenua cuando me dijiste que estabas enfermo y yo me atrevía citar a Silvio y te dije: “déjame darte un beso y curarte”. Como si eso hubiese sido posible, Juan… tal vez te ayudé a curar un poco la nostalgia y el querer decir perdón de parte y parte porque luego de tantos años lo que recibí de ti no fue más que el recuerdo de nuestra historia bonita, infantil y amantísima.

No te dije cómo me sentí en ese concierto de Hombres G en mi ciudad. Fue inexplicable porque reviví mis años en el puerto, en la Universidad, con tus amigotes y mis inseparables cinco panas, cuando te sentabas en el piano y me tocabas “Temblando” de esta misma agrupación.  


Todo encajaba bonito y transparente y tú allí, con tus lentes de cuatro pila; con tus ojitos verdes y tu nariz superlativa. Te veía ahí llevándome a comer helados en Rancho Grande, yéndote conmigo a clases, entrando al único cine, qué sé yo. Entonces lloré: de ese ayer, por nosotros y quería regresar el tiempo para estar en mis 17 años creyendo que mi vida era sólo ese HOY que ahí vivía.

Hoy te releo la historia de cuando fallecieron mis dos sobrinos y de cómo encaré esas muertes y me dices: Aquí estoy yo con la mía sentada al lado, madrugadora, trabajando con paciencia, feliz porque no es lo mismo comerse un viejito que un muchacho joven y deportista. Debe ser que sabemos mejor y además, se adereza con la fe de los otros. La verdad es que en el fondo me odia, la irrita que ni lloriqueo ni suplico... mas bien la miro a la cara - aunque parece un abismo - y la enfrento una y otra vez hasta que se va. Le molesta que luche, que investigue, que no duela por mi sino por los demás. Le molesta que en lugar de renegar con un ¿por qué a mi?  me levante cada día con un "Gracias, Dios mío, por todo ". Condenada parca, ¡si me lleva le moveré la barca hasta hundírsela!




Me faltó decirte muchas cosas, Juan, porque yo me dediqué a recordar tantos episodios dramáticos, graciosos, terribles, mientras que tú me dabas gracias y despedías definitivamente nuestro episodio amoroso con estas palabras: “Has llenado estos días de soledad y me hace feliz hablar contigo. Te lo agradezco tanto. Me alegra que a pesar de todo, estemos de buenas.  Gracias por todo dueña de un gran capítulo de mi vida. Llenaste inmensas horas este último mes con tus correos. Y es que no importa que digan que esta trillado… si no han probado sus brazos de sol”. Qué sublime, Juan, hasta me citaste a Filio sabiendo que me encantan sus canciones.





Hoy me quedo con estos correos electrónicos y la sensación que tuve cuando te visité en nuestro Puerto Cabello, pedacito de cielo, y te vi y nos miramos. El tiempo se quedó encapsulado y pasó la brisa marina de la plaza Flores, la playa que nos recibió, el malecón que fue nuestro celestino, los Motivos que Ítalo alguna vez nos cantó, el salitre que royó el metal pero no nuestros corazones. Y no vi más porque tú estabas apenado por tu extrema delgadez y yo sólo quería que sintieras, que pese a los años y a la vida, siempre fuiste el Juan Carlos de mis amores. 


Por eso, cuando supe que te habías ido un día antes de tu cumpleaños, comprendí que te regalabas la oportunidad de vivir con tus alas grandes surcando todos los cielos con los que soñaste y que en ese vuelo rasante, tu caricia de pluma de ángel también me tocaría.

Descansa en paz, amor mío, yo me quedo aquí con la vida por delante y tratando de hacer feliz a los que me rodean tal y como alguna vez lo planeamos. Estoy tomando muy en cuenta tus palabras acertadas y nobles, Juan, cuando me dijiste que no tenga miedo de perder a alguien querido no sea que me pase la vida temiendo, es como lamentar que no es primavera y una vez que llega lamentar que se irá…

Lorena



Mi puerto viejo,
puerto azul de leyenda
donde la luna,
es más linda en el mar

Son de acuarelas tus tardes
en la plaza Flores,
donde un domingo paseando
también tuve amores

Cómo olvidarte,
si en tus lindos rincones,
hay un embrujo
que me hace vivir...
(Ítalo Pizzolante)



imágenes tomadas de :
http://jjgonzalez87.blogspot.com/

Admítolo: nunca jugué fútbol

Querido diario:
Esta es una confesión y muy sincera...

No sé la razón pero siento que debo confesarlo ya que tengo 15 años dedicándome a la comunicación deportiva y tal vez por eso me veo obligada a decir sin tapujos que nunca, en aquel estado delicioso que es la niñez y tampoco en la adolescencia, jugué balompié porque sencillamente ese no era el deporte más popular en la tierra donde nací y me crié.

En Puerto Cabello, estado Carabobo, se respira béisbol y un apasionamiento casi absoluto por los Navegantes del Magallanes. Y cuando el básquet también entra en apogeo, la actuación de Trotamundos de Carabobo ocupaba (y ocupa) la atención de los locales. También gusta mucho por allá  el boxeo, voleibol y el futbolito, pero de fútbol, nada.

Así que en aquellos momentos cuando buscábamos un juego en el parque, salía el bate, el guante  y la pelota y sólo atiné a batear dentro de una caimanera donde siempre teníamos un vecino que no aceptaba perder y que terminaba tirando el guante y abandonado el campo.

También jugué metras y coleccionaba “peponas” que eran peloticas más grandes de lo normal. Claro que no todo fueron estos tipos de juegos, también jugué con las barbies y las rondas con las amiguitas sin que faltaran los supuestos reinados de carnavales, de feria, o de lo que sea, la excusa era divertirse.

Pero ahora veo con nostalgia el haberme perdido esa bonita oportunidad de pegarle a una pelota. Tal vez hubiese jugado bien porque soy zurda pero, pensándolo mejor, no tengo mucha fuerza a  la hora de patear (eso lo compruebo cada vez que voy a la práctica de algún equipo y me encuentro algún balón).



Así que queda descartada una posible situación donde yo pude haber sido delantera para aprovechar esas jugadas de pase gol o, cabecear en el momento preciso (tampoco me hubiese ayudado mucho porque siempre le tuve terror a un pelotazo desde un día que me tiraron una en la cara).

Dudo también que hubiese sido defensa, no me veo en la condición de parar a cuanta persona quiera meterse en mi territorio y mucho menos “echarle un paraito” porque a mi no me gustan las confrontaciones y menos las de ese tipo donde hay que apelar a la patada o al empujoncillo o la hábil maniobra de hacer un dribling para quitar un balón.

De arquera, mucho menos. La miopía que tuve me acompañó hasta la mayoría de edad cuando por fin me la operaron, así que dudo que estos ojos  hayan contribuido a visualizar una pelota que pudiera entrar o intentar parar un balón fuertemente pateado ante un penal porque seguramente yo me hubiese agachado para no recibir el golpe.



De repente, me veo como medio campista, organizando la jugada para el ataque, pasándosela a los delanteros y hasta marcando los tiempos del juego.  No me hallo como una crack, de hecho, creo que hubiese sido pésima futbolista porque soy de las que evaden hacer ejercicios y se ampara en una dieta cuando los kilos amenazan.

Y no jugué fútbol ni nunca intenté hacerlo pero Dios supo en que terreno ubicarme: en la difusión de este maravilloso deporte que me hace decir subjetivamente, que es uno de los más exigentes en comparación con el básquet, béisbol y el ciclismo, por nombrar algunos, pues en estos deportes las personas pueden utilizar manos y pies para actuar y desenvolverse mientras que ese arte de parar una pelota con los pies, el pecho o la cabeza es un delirio propio del fútbol, pero además de un arte es una habilidad y mucha astucia de quien lo hace.



Y esa es la verdad: yo no jugué fútbol y tampoco fui a partidos cuando niña porque en mi ciudad eso era ajeno, extraño y sólo rememoro los juegos del mundial donde todo el mundo iba por Brasil y yo no iba sino por el que jugara “más chévere”.

Sin embargo, defiendo este deporte por que me gusta, porque creo en él y porque sé que con el trabajo y apoyo de todos sacaremos este deporte del letargo, de la desidia y no cabe duda que el triunfo de los jugadores en las ligas competitivas foráneas, la Copa América realizada en nuestro país y las ganas de trascender por parte de los clubes que participan en el torneo local así como las copas internacionales, pueden llevarnos a la  profesionalización absoluta del balompié en el país. Sólo basta que los propietarios y juntas directivas de los equipos se organicen para poayar a las categorías menores y que el nombre de club de fútbol sea como tal y no un adjetivo.



El mundo está cambiando y la globalización del fútbol es un hecho. Y aunque yo  no jugué fútbol y no sufrí por un árbitro que me fastidió una jugada; si tampoco padecí de una lesión que me tuviese fuera de la cancha o tampoco luché a muerte por alcanzar una titular, no es mi culpa, pero asumo que estoy donde debo estar: en la información y difusión de este deporte y acá es donde me quiero quedar. Y nada más.




A manera de agradecimiento por mi graduación, tomé prestado el Credo de Aquiles Nazoa para hacerlo mío…

Querido diario:
Ya estoy en la víspera de mi graduación. Hoy fue la misa y me pareció lindísima y emotiva. Tuve mucha nostalgia porque mi mejor amigo hoy cumpliría años. Sin embargo, conociéndolo como lo conocí, no me perdonaría que estuviese llorando por su ausencia sobre todo porque es un día importante para mí, así que transcribiré el texto de las tarjetas de participación de la graduación...

Creo en Dios todopoderoso creador del mundo, el cielo, el fútbol, el pan andino, el puerto y las estrellas.

Creo en la Virgen María como la santa madre que me bendice a diario en todas las advocaciones a las que cuido con fervor.

Creo en mi mamá, la persona que me enseñó a hacer una lectura del mundo y de la palabra; creo en que es la mejor periodista que he conocido, quien me formó en la radio y el periodismo demostrándome que la ética y respeto son las condiciones imprescindibles en la acción y efecto de comunicar.

Creo en Alfredo Orozco, el amor más bueno que he tenido en mi vida. Creo en su apoyo constante para mis estudios, creo que es mi fortaleza, mi alimento, mi primavera, creo en la paz que siempre me ha dado; creo en la familia que fundamos hace 19 años y creo que todo lo que soy se lo debo a él.

Creo en Lore y Dani, mis azulitas hermosas que me hacen querer ser mejor madre, mejor persona, mejor profesional. Creo en ellas porque es el amor más puro que he sentido en mi vida.

Creo en las Arráiz por ser mi bastión, mi fortaleza y ejemplo. Creo en que son brujas, encantadoras, pitonisas, cuaimas, divertidas y maravillosas. Creo en los recuerdos que tejieron en mi niñez y que siguen siendo importantes en esta etapa de mi vida. Creo en la abuela Celia, la matriarca que nos dejó sembradas cosas importantes. Creo en mis tíos, primos y agregados a este clan porque al querer a un Arráiz, ya nos está queriendo a todos.

Creo en los Orozco, la otra familia que también me brindó un espacio y a la cual me siento muy honrada de pertenecer. Creo en los almuerzos de cada sábado donde nos rencontramos para hacer y fecundar hogar.

Creo en mis hermanos y en el ejemplo que Dherlyn me dio al seguir estudiando para alcanzar las metas; creo, además, en la belleza de sus ojos y la fuerza de su carácter. Creo en los ojos azules de mar y amor de Jorge; creo en los ojos verdes de risa y montaña de Pedro; creo en los ojos color aguamiel de Katty quien siempre ha estado unida a mi vida y creo en Omar, su espíritu, cuidado y en que sé que soy una de sus consentidas J

Creo en mis sobrinos, en los que ahora habitan parajes celestiales y en los que están llenos de vida haciéndome siempre recordar que somos mejores personas cuando somos mejores padres.

Creo en Marianazul y su Karem Fabiola, las dos niñas que también son mías.

Creo en Hender Contreras, Wilmer Ramírez, Alejandro Rodríguez, José Luís Rodríguez y Antonio Calderón (q.e.p.d), creo en la fe que siempre me han profesado; creo en la paciencia que me han tenido, creo en la incondicionalidad de sus afectos y creo que siempre estaremos unidos por un hilo invisible de costuras de amor.

Creo en Mónica Belandria, Zulma López, Claudia García, Marycelli Orozco y Karina de Villalobos por ser mis confidentes, mis amigas, mi refugio; por lidiar con mis asuntos, por soportarme, conocerme y aun sí, seguir queriéndome. Sepan que también son muy importantes en mi vida.

Creo Desirée González, Susana Rodríguez, Kike Rosales, Frank Mota, Maribel y Zayra Orozco, Yolibeth Morales, Genaro Pascale, Paola Camacho, José Calderón y Blanca Álvarez porque han formado parte de mi vida y a cambio he recibido aprecio y mucho cariño.

Creo en Alfonso Sánchez, Omar Pérez Díaz, Luz Marina Maldonado, Leonardo Caraballo, Oscar Blanco, Oscar Guerrero y Lourdes Barilla porque estos profesores han sido mi referencia, apoyo, maestros, amigos, guías y constructores de afecto hacia nuestra querida Universidad de los Andes.

Creo en Benedetti, Silvio, Sabina, el Deportivo Táchira y el Grupo Radial González Lovera porque cada uno me ha hecho exageradamente feliz; porque son mis querencias más genuinas, porque puede que me olviden, pero yo a ellos, nunca.

Creo en Cruz Vargas, la mujer guerrera y emprendedora que ha sido mi compañera de aventuras y tesis, creo en que es una mujer maravillosa, inteligentísima y siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesiten. Reconocimiento también a Karelys, Linley, Cesar, Matilde, Yureiba, Miguel y Juan de Dios por los buenos tiempos compartidos en nuestros estudios.

Y creo en todo lo que signifique justicia, aprendizaje, esperanza, comunicación, futuro, radio, televisión, Motivos y Venezuela porque son mi único y mejor patrimonio.

Amén…