sábado, 6 de noviembre de 2010

Sobrevivir y morir en el hospital

A Lorena Bornacelly Arráiz
por su nobleza, por su alma pura 
y por tener un corazón que no alberga obscuros...


Nos avisaron que ella estaba en el hospital central de San Cristóbal y sabíamos que su hijo no estaba en el país. Salvo mi hija, una nieta con la que muy poco  convivió  y compartió con la abuela, era el único hilo de sangre que tenía la señora en esta ciudad.

Fuimos al hospital, sala de observación, camilla 7. Allí estaba una cobija cubriéndole la humanidad. No tenía ropa y no tenía conocimiento. Al no presentar un documento de identidad, la paciente anónima, para ese entonces, sólo había recibido un tratamiento simple: oxígeno y esas cosas que con mangueritas y agujas ingresan al cuerpo para actuar como medicamento.

“Ella está mal, tiene un coma diabético; hay que hacerle una tomografía y comprarle medicinas”-fueron las palabras de un residente quien nos explicaba el caso.

Ingresar al hospital es lo más parecido a una batalla pero sin armas. El portero, uno de esos quien nunca ha tenido poder en su vida,  siente que esa puerta es su trono absoluto. Grita, empuja y dice que no. Hay que lidiar, a veces adular y otras, entromparse.  Una “chapeada” y conseguimos los permisos correspondientes para no tener que pasar por ningunas de las opciones antes citadas pero esto es apenas, lo más simple que tiene el hospital.

Le hicieron tomografía, saltamos a la clínica a que hicieran exámenes de sangre y se compraron medicamentos. Ella estaba allí: blanca, pálida, esperando el consuelo y con una respiración tan fuerte que me hacía creer que ella aguantaría un poco más.

Había gente en camillas con sus nombres escritos en unos papeles que asimismo estaban pegados con tirro. En el estar de las enfermeras alguien dijo: no hay adhesivo. Antes un enfermero me preguntó “¿tiene aguja para sacarle la sangre a la abuelita?”.

                             Esto faltaba el 2 de nov de 2010 en sala de observación de mujeres

Entendí que ya no estaba en mi cápsula. Como periodista atiendes y entrevista y la gente cuenta. Vas al lugar pero la realidad está en tercera persona “ella necesita una medicina”. También la circunstancia de tener un esposo médico y una clínica privada a disposición me hicieron olvidar que el hospital es otro mundo donde nadie tiene nada pero todos están muy enfermos y sus condiciones –para ser medicados- son precarias.
Lloré. Ocultaba el llanto para que mi hija no se afectara aun más. Ella decidió quedarse y yo tuve pánico. Buscamos un banquito, un abrigo, agua, cargador de celular y algunos dulces para que ella pasara la noche allí.

Al día siguiente me contó que en la sala de observación, pero de hombres, alguien había robado  a un paciente. Me dijo además que muy temprano le dijeron ¿tienes agua para lavarle la boca a la paciente?
Llevamos más cosas: artículos de higiene, sábanas, almohadas, toallas, medicinas pero de ella no teníamos nada: no reaccionaba producto del coma diabético que, según creo, generó un ACV isquémico o como se escriba.

La llevaron a piso 3. Escuchaba a un doctor gritar “quién autorizó a que la señora subiese si apenas hay tres flujómetros y están ocupados”. Un enfermero dijo “este medio sirve”. Entonces nos advirtieron que como ese medio servía debíamos estar pendientes de si el oxígeno se fugaba y que podía afectar a la señora Marina.
Pasamos todo el tiempo posible, esa noche ninguna de las dos podía quedarse porque al día siguiente había trabajo y universidad. Mi hija estaba desmoralizada pero sabía que debía descansar para regresar al día siguiente.

                                               Panorámica del piso 3. "Pacientes" del HC

La paciente de la cama de al lado me contó que diariamente le aplicaban un medicamento que costaba 140 bsf. Que muchas veces, al no tener el dinero, suspendía el tratamiento. Tenía un problema hepático.

Una enfermera me gritó cuando le pedí ayudara cambiar la sábana que estaba sucia porque otra enfermera le dijo  a mi hija que debía alimentar a la señora Marina ella misma a través de una “sonda gaso-nástrica”. Mi hija, entre su inexperiencia y terror, botó un poco de ese caldo sin madre que debía darle a Marina y su colcha estaba mojada.

Esa noche recé. El médico nos había dicho que su condición no era buena. Que podía pasar lo peor y, de sobrevivir, ella quedaría sin poder comer o evacuar por su cuenta; que estaría postrada en una cama porque sus condiciones neurológicas estaban deterioradas.

Al día siguiente me fui  a dar clases y mi celular no dejaba de vibrar. Tenía muchas llamadas de mi hija. Supuse lo inevitable.

Fuimos a la morgue y entregamos su cédula. Estaba aturdida, no sabía qué hacer porque su único hijo estaba en Ecuador. Mientras alguien me decía que debía hacer cosas legales, alguien hablaba de funeraria y el médico, ah, el médico me dijo, al chasquido de sus dedos: “y apúrese porque falta un cuarto para las doce y voy a almorzar". No entendía ¿apurarme con qué? Me respondió “muévalo para que le firme los papeles porque me voy a almorzar”. Su tono era alzado y desgraciado. Supe entonces que ese doctor llamado Víctor Hugo tenía el corazón igual que a cada persona fallecida que debía atender en su deber como patólogo.  Me volteé y le dije “buen apetito, doctor”. Fue la más decente aproximación a “váyase para el carajo”.

Debo reconocer los buenos oficios y la atención del Dr. Justo Vega, Edwin Omaña y el residente de (creo) neurocirugía, el Dr. Wilson, quien es de Colombia.

Entonces hicimos las gestiones para cremación por orden del hijo que aun no pisaba tierra venezolana. En esos asuntos siempre hay gestores, personas que se encargan de hacer el papeleo horrible en un momento tan abrumador. Se llamaba Jhon y fue quien hizo todo el trabajo. La gente del crematorio de Santa Ana nos atendió con el respeto y la dignidad que debía dársele a esa mujer que esperaba por el resto de su familia para su despedida.

La ropa, los zapatos y la cruz. Los abrazos de consuelo y el conocer gente que no sabía que existía. La muerte de “mamá Marina” como muchas veces escuché nombrarla a su hijo, trajo a dos hombrecitos a la vida de mi hija, sus hermanos con los que compartió, de niña, apenas brevemente un espacio de su vida puesto que ellos viven en Colombia.

                                          Luís Alfredo, Lore y Jimmy Fernando

Pese a la pena fue bonito verlos re-conocerse, observar como interactuaban y descubrir  que los tres tienen los mismos ojos y la misma sonrisa.

La señora Marina entró  al lugar donde dejaría de ser cuerpo para convertirse en cenizas.

Recordé que la noche anterior le tomé de la mano y le dije a su oído: “nada te detiene, nada te amarra; tu hijo ya viene pero debes irte a descansar; te doy las gracias y te bendigo porque gracias a ti, yo tengo una hija maravillosa; es el momento de irte a los brazos de Dios para que te reconforte”. Recordé aquellas palabras de Silvio que tanto me llenan y se las cité “anda donde debas ir, anda que te espera el porvenir…”

Y que brille para ti la luz perpetua...

Lorena

domingo, 31 de octubre de 2010

El fútbol es mi primera novia y mi última mujer...

Querido diario:
He querido dejar plasmado en tus cyber líneas algunos fragmentos de palabras dichas por personas ligadas al fútbol. 




YO PREGUNTO. ELLOS RESPONDEN…

(Dedicado a Wilmer Ramírez, Genaro Pascale y al ángel de alas grandes y vinotinto, Antonio Calderón.)

La siguiente compilación de preguntas a técnicos del fútbol venezolano fueron recogidas de diferentes ediciones periódico Láser Gol.

Tres estrategas: Cesar Farías, Carlos Maldonado y Walter "Cata" Roque respondieron a 50 peguntas en aquel entonces. He aquí el testimonio de lo que en otrora comentaron. De “bonus track”, palabras de Richard Páez, el D.T. que hizo posible que un país apostara por su selección.

Cesar Farías. Seleccionador Nacional

1.-¿Qué es el fútbol para usted?

La pasión. Es sinónimo de vivir.

2.-¿De no ser director técnico sería?

Director técnico.

3.-¿Por qué esa fama de cascarrabias?

Eso depende. A veces uno tiene que personificar un rol, un actor, un personaje dentro del trabajo que realiza, y si, soy de carácter muy fuerte. Si tengo que enfrentar un tren y tirarme debajo de él, lo hago. Me gusta eso. Ir al frente, pero por supuesto, todos tenemos un lado humano y yo también lo tengo, tengo familia, tengo hijos, tengo amigos…


4.-En un país polarizado políticamente ¿cuál es su mensaje a los venezolanos?

Tenemos que vivir en tolerancia, aprender a respetar las ideas y filosofías de cada quien y tratar de que sea una democracia justa para unos y para otros.

5.-¿Qué le resulta insoportable?

Perder.

6.- ¿Cuál es su lema de vida?

Mientras más persona uno sea en la vida mejor va a ser en su profesión; también que hay que estar muy claro que lo que uno siembra es lo que luego recoge.


Carlos Maldonado. Director Técnico del Deportivo Táchira

1. -¿Fue difícil tomar la decisión de dejar a Cata y al Deportivo Táchira?

Fue difícil por que yo había recibido otra posibilidad antes, fue difícil dar el paso, pero era mi oportunidad y creo que no me equivoqué.

2.- ¿Qué recuerdos le dejó el fútbol cuando jugaba?

La gente que disfrutaba. Un recuerdo hermoso son las amistades que dejé cuando participé. Nunca tuve enemigos y eso no tiene precio.

3.- ¿Cómo renombraría al Polideportivo de Pueblo Nuevo?

Nombrarlo, por ejemplo, como un jugador importante que hayamos tenido es una falta de respeto para los otros, lo llamaría el Templo Sagrado.

4.- ¿Cuál es su lema de vida?

Trabajar y levantarme todos los días para aprender a ser mejor gente.

5.- ¿A qué edad llegó a Venezuela y qué recuerda de su Uruguay natal?

A los 8 años. Recuerdo el fútbol, la pasión, los asados de mi familia en fin de año.

6.- Le agrada ser comentarista?

Me fascina.

7.- García Márquez titula en uno de sus cuentos “Me alquilo para soñar”, usted…

¡Yo vivo para disfrutar!


Walter “Cata” Roque. Sempiterno técnico del fútbol venezolano

1.- ¿Ha valido la pena haber dedicado su vida al fútbol? 

Puedo dar la respuesta en poesía o cantándola: “si la vida me diera otra vida la oportunidad de poderla vivir otra vez, le digo que sí, son tan bellas y tan lindas las cosas de la vida y el fútbol que me dejó que al volver otra vez a vivir, digo que si...·

2.- Qué siente por Venezuela? 

Venezuela ha sido prácticamente mi patria querida por que aquí me hice entrenador, aquí nacieron y se educaron mis hijos…

3.- ¿Goles son amores?

En el fútbol si no tiene gol, no es un partido que se sale de la cancha con amor…

4.- ¿Qué piensa de la afición aurinegra?

Es la afición que ha hecho algo y que ninguna otra afición en el mundo ha hecho. Eso es algo sensacional lo que hico esta hinchada: entrar un autobús a la cancha y prenderle fuego…

5- ¿Cuál es su ciudad ideal para vivir?

San Cristóbal fue mi felicidad…

6.- ¿Qué es el fútbol para Cata?

Es todo: mi primera novia y mi última mujer


Richard Páez. Ex Técnico de La Vinotinto

Yo creo que en el año 2007, Venezuela se gradúa en el aspecto internacional en infraestructura. Con la Copa América, nuestro país da otro paso en el desarrollo integral que requiere el fútbol al contar con nueve estadios de magnifico nivel y que va a cambiar al fútbol definitivamente después de la Copa América.


Lorena Evelyn Arráiz/ Periodista Deportivo

#YOCONFIESO o la vida en twitter

Querido diario:



Sentí que había descubierto el agua tibia. Twitter era un universo insospechado para esta periodista que ha estado intentando salir de la etiqueta 1.0. Luego de ser una fiel concubina del facebook y habiéndome aburrido de las galletas de la suerte, de las encuestas que parecen indicarnos cómo besamos según nuestro signo o qué tipo de amante eres, ya estaba resignada a mirar “la cara del libro” para revisar cumpleaños y aprovechar el subir fotografías por la flojera absoluta de abrir una cuenta en flirck.

Supe de Twitter por un programa de noticias colombiano. No dudé en suscribirme y una vez hecho todo el procedimiento ya había agregado a mis favoritos a twitter.com pero me parecía como extraño, ajeno y limitado ese mudo de los 140 caracteres. Terminé convencida leyendo al respecto a mi colega Carlos Arcila. Fue entonces cuando Nelson Bocaranda entrevistó a alguien quien sugería el uso del twetdeck. Otra vez el agua tibia me cautivaba.

Vino el proceso de agregar a todo el mundo, yo seguía a 100 personas (y 2 me seguían a mi) entre los que estaban el presidente Obama, Lisa White (¿), Alejandro Sanz, Michelle Brown (¿) y decenas de desconocidos que no hablaban español hasta que apareció unos tachirenses (porque siempre hay un andino en cualquier parte); @juanrules, @ebriceño y @franja y fueron mis mentores, tutores y “ayudadores”, a través de ellos conocí al grupo local y supe que Twitter era perfecto para mí.

Entonces aparecieron unas cosas que me encrispaban: los #ff. Ay, Dios, y esto qué es. No había aprendido lo primero cuando ya leía #iranelection y #freemediave. El mejor de todos #martidochavez hasta que adopté a #yoconfieso.

Comprobé que el facebook exploraba nuestra parte frívola y que Twitter me permitía ser reportera a tiempo completo.

En este estado donde han sucedido tantas tragedias, problemas, locuras, secuestros, sicariatos y racionamiento de gasolina y luz, la notica está a la orden del día. Twitter me dejó ser periodista a tiempo completo sólo porque a mí me provocaba, allí he sido una reportera que trabaja horas extras y no reclama ningún pago.

Twitter me lleva a terrenos insospechados. A veces me doblo de la risa, a veces me molesto. Trato de imaginar cómo es la persona que escribe; analizo las frases, me da prurito cuando detallo errores ortográficos, me da alergia cuando el veneno salpica a mi timeline y profeso mucha empatía por twitter@s que han sido especiales conmigo.

Esta red social pareciera ser un concurso de popularidad para algunos; otros suplican que les sigan pera llegar a cierto número de followers; otros drenan en 140 caracteres lo que no hacen en su práctica diaria y hay los anarquistas, iconoclastas, filibusteros, coprófagos, desubicados, y hasta atulampados.

Pero los mejores son los que respetan del diálogo y la diferencia de opiniones, los que explotan el sentido del humor, los que ofrecen alternativa o solución y no se quedan pegados en la crítica. Los imprescindibles son los que apuestan por el país, los que nos cuentan de su participación en un evento para la recuperación de Venezuela, los políticos que asumen sus errores, los románticos que envían sus poemas o piropos virtuales; los espléndidos son los que nos cuentan algo especial de sus vidas; los dedicados son los colegas que comparten su actividad periodística con el resto del mundo. Los anónimos, los conocidos, los desocupados y los solidarios… y hay muchos más. 

Esa es la comunidad Twitter. No busquemos más análisis porque tendríamos que leer ora vez nuestros libros de Teoría de la Comunicación (Dios, no lo permita) porque una vez que sentí que todo estaba en perfecto orden apareció el ubertwitter en mi vida y…

Estoy en twitter: @lorearraiz

¿Por qué algunas mujeres odian al fútbol?

Querido diario:
Esto es un secreto a voces, es bueno que los hombres sepan al respecto. Soy afortunada de tener a una pareja que vive, sueña y espira fútbol pero sé de muchas chicas que a este deporte lo aborrecen más que a una suegra pavosa. He aquí las razones...

Se de muchas féminas que odian al fútbol por una simple cosa: acaparan la atención de los machos vernáculos en toda su extensión. Muchas de ellas, se quejan del poco interés que muestra la pareja cuando se juega una final de la Libertadores o cuando comienza el mundial.

Todo  sucede cuando las mujeres, dispuestas a la conquista, aceptan la salida con su pretendiente y éste las lleva a un lugar con pantalla gigante, donde la mayoría de los presentes son hombres y el humo del cigarrillo fastidia por doquier. Ella está desconcertada mirando alrededor, buscando los mínimos elementos románticos pero no encuentra nada. Se sienta en su silla, acomoda su cabello y coqueta pero él está furioso porque no alinearon al jugador número 9.

gol aurinegro


Cuando llega el mesero, la chica quiere tomar un licor pero él insiste en pedir cervezas porque es lo mejor para celebrar los goles. El asunto no queda allí, cuando se da el pitazo inicial, ella intenta acercarse y decirle en tono suavecito cualquier cosa que pueda incitar al romanticismo pero el caballero ni se entera porque comenzó a gritar que ese árbitro es un hijo de meretriz al decretar un penal inexistente. Aun así, son muchas las mujeres que se arriesgan a mantener una relación con un fanático del fútbol. También hay quienes aceptan la invitación a un partido de éstos creyendo ganar puntos en la  jornada romántica.

La ingenua enamorada, que se ha esmerado en conseguir la ropa del color del equipo preferido de él, lo acompaña al estadio llegando con tres horas de antelación por la cantidad de aficionados que amenazaron con llegar tempranito La pobre debe aguantar  sol y permanecer de pie todo ese tiempo mientras él conversa con sus compañeros de filas del golazo que le hicieron al Caracas.

Ella espera que él determine en el perfume usó especialmente para él pero no habían transcurrido 10 minutos de inicio del partido cuando algún hincha arrojó cerveza para celebrar una intentona de gol y cayó encima de la infeliz. Y si por alguna circunstancia, el equipo contrario está agresivo o el árbitro se equivoca, el chico olvidará a su acompañante y gritará palabras irrepetibles para este texto, tanto así, que su cara se podrá de color rojo y se le brotará la vena yugular.

La mujer, empapada de cerveza y con el cabello empegostado, no tendrá más remedio que olvidarse momentáneamente del galán  y prestará atención al partido. Y es cuando ella llega a detallar las piernotas de ese que lleva la camiseta número 4. También de aquel que cuando se tiró al piso y sobó por el dolor mostró sus abdominales. El momento llega al clímax cuando termina el partido y los jugadores se quintan la camiseta. ¿Dios mío, ése es un ángel?

Terminó el encuentro y seguro que ahora sí  tendrá la atención del hincha. Sólo que el Romeinho  no llevará a Julietinha al cine sino que se meterá a Sólo Fútbol para ver el mismo partido que será retransmitido por la TV local para corroborar que ese árbitro pitó erróneamente un fuera de lugar.



Cuando la situación ha superando la relación con un fanático y ya viviendo juntos, la cosa no luce muy prometedora porque si lamentablemente la crisis no les ha permitido comprar otro televisor, será imposible que la mujer pueda ver su  novela preferida ante el resumen de la jornada de Sport Plus o Meridiano Tv, al fin y al cabo, los goles de Giancarlo Maldonado son más importantes que los conflictos del nuevo dramático de Venezolana de Venevisión.

Pero encima de eso, hay que llevarles comidita a la cama dejando las sábanas llenas de migajas que no se pueden sacudir hasta que terminen los programas de fútbol o hasta que el hombre deba ir al baño por la cantidad de cerveza que tomó.

Vivir con hombres aficionados puede ser muy complejo, pero por algún lado hay que buscarle la vuelta. La mejor opción que tiene la mujer es ser solidaria con esta afición y para contar con el respaldo de la pareja deberá buscar los siguientes argumentos: “mira que vestido tan hermoso y tiene los colores de la selección del Brasil”. Eso será el enganche para una compra efectiva.

Olvídense mujeres de los licores dulces o champaña, olvídense además de ir a los bares de última moda a bailar, asegúrense más bien que usted llevará a su chico a un lugar que al menos tenga un afiche del equipo local.



Sólo hay que tener paciencia pero no olviden que todo tiene una recompensa: cuando usted está en calidad de jugadora número 12, tendrá la oportunidad de “apreciar cómo se contraen los músculos al patear una pelota o simplemente, esperar el intercambio de camiseta para que usted celebre sus propios goles”. Y seguramente si usted es del estado Táchira, en cualquier momento le explotará esa pulsión por la fiebre del fútbol  y sucumbirá ante el aurinegro, el equipo de mil amores de esta región… 




[esta foto la tomé en San Luis de Maranhao (Brasil)]