martes, 5 de enero de 2010

Ella decide cuando es de día, ella maneja el sol...

Querido diario:



Mi hija Daniela tiene una cobija encima y anda así por la casa. Cuando la veo siento más calor. Hay 29 grados de temperatura y ella parece sauna ambulante incentivando nuestro vapor. Danita es muy particular. No suele apurruñar a la gente muy a menudo y cuando lo hace a me alumbra el corazón. Me cuesta mucho asimilar que tiene 15 años porque me parece que sigue siendo la niña que tuve en mis brazos o la que peinaba para ponerla bonita. Porque es hermosa. Es de una de esas bellezas serenas y seguras.
Cuando Dani nació, su piel tenía como una tela cristalina, como si le hubiesen pasado una pintura de uñas de color tornasol. El doctor Benjamín Araujo me habló de un calostro y que, según él, las vejucas decían que cuando alguien nacía con eso era porque estaba enmantillada. “Sí, nació enmantillada”-dijo una emocionada enfermera, “será una persona con mucha suerte”.
Lo que no sabe la enfermera es que la afortunada soy yo de tener a  Danitazul en mi vida, en poderla mirar,  respirar, oír; en disfrutar de su buen humor (cuando lo tiene); en lidiar con su mal genio (que lo mantiene), en escuchar sus historias, en soportar a sus amigas (porque cuando se juntan las pollis hay que tener mucha paciencia y en la cola resistencia, como decía mi sabia abuela Celia) y en aceptar que está ennoviada con chino pelado que es muy buena gente pero que me ocupa la atención de mi niña.

Daniela me hace querer ser una mejor persona. Saca lo mejor de mí. Veo en su piel la porcelana de un finísimo adorno. Su cabello es como una cinta suavecita. Sus rastros son más del padre que de los míos pero yo la tuve sólo para mí por nueve meses.
Ella me hizo vomitar hasta el mes cuarto. Tuve dolores horribles para parirla.  Un día sangré por la nariz, otro día me desmayé. Engordé 15 kilos y pasé parte de mi embarazo mientras se realizaba el mundial USA 94. Finalmente llegó agosto de mis amores y desde el 23, Danita comenzó a moverse. Pasamos dos noches de insomnio. El 25 en la madrugada me llevaron a la clínica y me dijeron “falta poco para dilatar completamente”. Entonces me dolía. Yo le gritaba a mi hermana Katty “quítame los anillos pero no me toques”. Dolía y dolía, como a las 4 am le dije al doctor Gilberto Pérez “quiero que me hagas la cesárea, no aguanto”. Todo fue muy rápido. Afortunadamente vino el parto natural  –ya con un sedante para parir sin dolor- y nos llegó Daniela.

Desde hace 15 años ella es mi portal al igual que su hermana Lorena. No importa lo bueno o mal que haga en mis asuntos personales o profesionales porque ellas son los mejor que he hecho en mi vida. Lo mejor de todo, es que son mías, mías, mías y ese vínculo no me lo quita nadie.

Daniela tiene una relación muy especial con su hermana. Tiene la capacidad de cargarle mono a Lore. Se apoyan mucho y son confidentes. A veces siento celos porque me excluyen. Dani dice que Lore es su otra mamá. Yo también lo creo. Cuando las observo, mi corazón de madre se emociona por que ve la adoración entre dos hermanas y eso es muy importante para mí. Ella es, como dicen por ahí, papera. Tiene un vínculo amarrado con hilos invisibles con su padre.  Se ha atrevido a decirme que su papá es hermoso mientras que yo soy sólo bonita. Dice que si me divorcio se queda con Alfredo y todo lo que hace aquél es bendición para ella. Sí, lo sé. Son celos pero no celos malvados. Ella tiene un padre y yo no lo tuve así que bendigo la relación de amor que se tienen porque mis hijas son muy afortunadas al contar con un Alfredo Orozco en sus vidas.
Daniela es una agüita fresca y a veces un cítrico intragable. Y es muy cierto, ella decide cuándo es de día, ella maneja el sol…

Ella decide cuando es de día, ella maneja el sol
anda pintando toda la casa con trozos de crayón.
Rojo a los muros, verde al oscuro sillón del comedor,
y un poquitito de azul celeste
aquí en mi corazón.

El amarillo tiñe los vidrios y ella no entiende bien
como es que pierde sus hojas verdes el paraíso aquel...

Píntame un árbol que no envejezca, pinta en mi habitación,
un árbol verde con hojas frescas
pinta con tu crayón.

Que necesito, dulce Daniela,
alguien que pinte aquí,
un mundo nuevo, píntalo nena,
pinta dentro de mí.

Victor Heredia

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